Señales que indican que acudir a terapia puede ayudar a cuidar la relación
Tomar la decisión de acudir a psicoterapia como pareja es siempre un tema espinoso. Puede que entre ambos miembros exista cierto reconocimiento de que algo está fuera de lugar dentro de la relación, pero que parezca algo manejable. Puede que estén apareciendo algunas brechas a las que no se les presta la suficiente atención. O puede que se hayan normalizado ciertas formas de funcionar que pueden llegar a resultar corrosivas. Cierto es que también puede ser el caso que la relación sea simplemente maravillosa y no exista tal necesidad (en cuyo caso no deberías estar leyendo este artículo jejeje).
Plantear la posibilidad o la necesidad de acudir a un profesional puede llegar a ser visto como un reconocimiento del fracaso de la relación, y puede ser que una de las partes se muestre reticente a abordar el problema o buscar ayuda. Por desgracia, en muchos casos, las parejas solo dan el paso en el momento en el que la relación ya se encuentra al borde del colapso. La simple existencia de dificultades no es sinónimo de necesidad de ayuda profesional, pero sí es posible identificar algunos signos que indican que estas están desbordando la capacidad de respuesta de la pareja.
El primer signo puede darse cuando la pareja atraviesa un cambio de etapa: un nuevo tramo a transitar en su ciclo vital. Sea la llegada del primer embarazo, la entrada en la adolescencia de uno de los hijos o la jubilación, en toda transición surgen nuevos retos y necesidades. Esto lleva a la pareja a la necesidad de cambiar su funcionamiento y adaptarse, lo que puede poner a prueba la solidez de la relación. Si la relación no supera estas pruebas con éxito, pueden darse dos escenarios distintos. Por un lado, puede que salgan a la superficie dificultades que se han ido desatendiendo, pudiendo estas terminar por acentuarse y poner en peligro la estabilidad de la relación. Algunas de estas son la evitación de conversaciones emocionalmente cargadas, desigualdades en las responsabilidades o necesidades no atendidas. Por otro lado, la relación se puede quedar anclada en la etapa anterior, insistiendo en aplicar el mismo funcionamiento a unas circunstancias que ya no lo permiten. Tarde o temprano, ignorar la necesidad de cambio hace que el barco termine haciendo aguas por un lado u otro.
Cambios de etapa en la relación
En otras ocasiones, la relación es golpeada por tragedias externas que pueden cambiar completamente el panorama. Los accidentes de tráfico y la pérdida de movilidad, las enfermedades graves y otros desastres imprevistos pueden ser auténticas pruebas de fuego. Por otro lado, los problemas de salud cronificados pueden suponer también retos que llegan para quedarse en la relación y, en algunos casos, ya estén allí desde el principio. Me refiero aquí tanto a los problemas médicos (cáncer, fibromialgia, epilepsia, etc.) como a los trastornos psicológicos (trastornos de personalidad, esquizofrenia, TDAH, etc). La empatía, la paciencia, la fortaleza y los cuidados son componentes clave aquí, y es perfectamente natural que los miembros puedan encontrar dificultades a la hora de conciliar sus vidas con el cultivo de la relación. El estrés, la fatiga y el sentirse incomprendido son problemas comunes en estos casos, y es importante no ignorar esos signos cuando aparecen.
Crisis externas, enfermedades y situaciones imprevistas
Otro signo muy común se da cuando existe un conflicto repetitivo del que no parece haber escapatoria. Como si se tratara de una obra de teatro, los dos miembros de la pareja repiten una y otra vez el mismo guion, adoptando e intercambiando papeles de “buenos” y “malos”. Uno de los guiones más típicos enfrenta el papel de miembro retraído y ausente frente a otro miembro crítico e insistente. Otro consiste en el baile de un miembro ansioso y dependiente frente a una pareja evitativa que lucha por tomar distancia y recuperar espacio. En esta opereta, los roles suelen ser complementarios, alimentándose mutuamente (“estoy ansioso porque estás distante” frente “me distancio porque me agobias”). Cuanto más enredada en estos círculos viciosos esté la relación, más recomendable sería obtener ayuda profesional.
Las desavenencias son otro motivo de consulta completamente legítimo, sobre todo aquellas que impliquen aspectos centrales en la relación o la familia. Uno de los grandes clásicos aquí son los estilos de crianza. Incluso tras años de maternidad/paternidad, las parejas pueden seguir estrategias completamente opuestas, esgrimiendo uno el papel de “poli bueno” frente a las fechorías del “poli malo”. Otras grandes desavenencias pueden ser la vivienda, la conciliación entre vida privada y laboral o la relación y los límites que se mantienen respecto a las familias de origen (tema espinoso en muchas relaciones). Cuando se siente que el debate está completamente congelado y nadie quiere dar su brazo a torcer, puede ser muy útil buscar un mediador externo. Una buena psicoterapia de pareja permite aprender nuevas formas de comunicación y negociación que puedan llevar a una resolución satisfactoria. Y por encima de todo, el terapeuta ayuda a los cónyuges a conectar el debate a los proyectos y valores comunes, más que a las imposiciones y rigideces que hasta ahora han mantenido la relación encallada.
Por último, el motivo más evidente de consulta se da cuando la relación ha sido atravesada por una infidelidad u otro episodio que haya llevado a la ruptura de la confianza. En esos casos, la reparación y el perdón pueden ser pasos muy difíciles de dar, y es completamente natural que la intimidad pase a ser vivida con rechazo. Más que en ninguna otra situación, recuperar la confianza y la calidez del vínculo requerirá un acompañamiento atento y sistemático, y un profundo trabajo terapéutico por parte de ambos.
¿Es necesario esperar a estar al límite?
A modo de conclusión, creo que es importante señalar que no hay problema que pueda ser traído a consulta que no sea digno de atención. Si ambos compañeros están de acuerdo en su importancia y en que pueden beneficiarse de ayuda profesional (por puntual que sea), eso ya lo hace completamente legítimo. E incluso iría más allá, la terapia de pareja también tiene sus puertas abiertas a aquellas parejas que simplemente quieran vivir su relación con más intensidad y plenitud. El espacio terapéutico es sin duda el mejor lugar donde aprender nuevas formas de relacionarse, nuevas habilidades para ser mejores compañeros y, en definitiva, donde llevar el vínculo a su máxima riqueza y expresión.
Si os habéis sentido reflejados en cualquiera de las situaciones que he descrito en este artículo y sentís que es el momento de dar el paso, no dudéis en contactarme sin compromiso. Como psicólogo en Badalona, llevo años acogiendo el proceso terapéutico de parejas para lograr un mayor bienestar y plenitud.
